Carmen N abrió la puerta. Bruno había acudido a su invitación. Todavía se apoyaba en muletas y tenía un vendaje limpio en la cabeza. "No puedo estar de pié mucho tiempo. Tengo que sentarme". Bruno se dejó caer en el sofá de la casa prestada y abrió el libro de cifras en la mesa baja. "¿Quieres café?" preguntó Carmen N. "Azúcar" fue la respuesta. Desde el Incidente el ballet de influencias y encuentros entre los dos adquirió la lógica de paciente rebelde y doctora interesada en un caso. "Salud", dijo Bruno mirando los ojos de Carmen N, brillantes como bisturís de disección. "Gracias" fue la respuesta.